

El plástico ha sido uno de los inventos más prácticos del ser humano. Estos no solo son baratos, de producción sencilla, resistentes y flexibles. También ofrecen muchas funciones para envasado y transporte, siendo uno de los materiales más utilizados a nivel mundial para la fabricación de muchos objetos. Sin embargo, este ha traído muchos problemas al planeta debido a que no son biodegradables. Pero eso ha cambiado recientemente.
Aunque la durabilidad del plástico en algunos casos puede ser ventajosa, esta ha traído más problemas que beneficios. Se debe a que para que el plástico pueda descomponerse, hay que esperar al menos unos 450 años. Y ni siquiera se trata de su descomposición completa, sino que a este tiempo los polímeros nada más empiezan a desintegrarse. Por suerte, la bacteria que puede comer plástico ha hecho acto de presencia y está empezando a cambiar la industria.
La producción de plástico a nivel mundial ha alcanzado cifras inimaginables. En cortos periodos de tiempo se producen más de 300 millones de toneladas, de las cuales el 90% derivan directamente de su producción a partir del petróleo. El restante es la minoría que se encarga de recuperar y reciclar el plástico a nivel global. Sin duda, una cifra demasiado pequeña; sobre todo teniendo en cuenta los efectos de los residuos de plástico en el planeta.
Tampoco podemos ignorar que el plástico, de la cantidad producida, no se utiliza en su totalidad. Alrededor de 8 millones de toneladas de este material termina en lugares naturales, contaminándolos por completo. Con ello nos referimos a bosques y también en el océano, en el cual se hunden y no pueden ser recuperados. Por lo tanto, se acumulan en los sedimentos; esto puede tener grandes consecuencias a largo plazo.
Y el futuro tampoco se ve muy brillante. Se estima que para el 2050, la producción de desechos de plástico alcance los 13.000 millones de toneladas. Si los efectos ya son malos, no podemos imaginarnos con esta cantidad de residuos. Es por este mismo panorama que los gobiernos y profesionales han empezado a trabajar en tomar medidas para evitar lo peor en el futuro cercano.
El descubrimiento de la bacteria capaz de comerse el plástico es relativamente nuevo. Esta se reconoció por primera vez en el 2016, a partir de una simple coincidencia. Nadie esperaba hacer este descubrimiento. Se produjo en Japón, en donde un grupo de científicos japoneses investigaban las colonias bacterianas en una planta de reciclaje. Por supuesto, se sorprendieron al encontrar la bacteria, las cual llamaron Ideonella Sakaiensis.
La misma la encontraron en los residuos de tereftalato de polietileno. Se descubrió que puede utilizar el PET como fuente de carbono, del cual se alimentan. Esto es posible gracias a que el microorganismo cuenta con dos genes claves que le permite alimentarse y descomponer este material.
A pesar de que fue descubierta en el 2016, aún existen muchas dudas sobre su evolución y camino para encontrar una fuente de alimento en el PET. Sin embargo, lo que sí se sabe es que la misma tiene la capacidad de convertir el PET en PHB, un tipo de plástico biodegradable. Su principal fuente de alimento de este material lo encontraron en plásticos que fueron patentados en los años cuarenta.
Por otro lado, rápidamente los científicos se dieron cuenta de que la descomposición del plástico causado por la bacteria era en realidad bastante lenta. Por suerte, en el 2018 se desarrolló una exima que mejora la PETasa bacteriana. Actualmente, se están llevando a cabo investigaciones con el fin de acelerar el proceso de descomposición del plástico, haciendo uso de los conocimientos adquiridos en los últimos descubrimientos.
Algunas de las soluciones que se buscan es mejorar la productividad al insertar la enzima en bacterias extremistas, que pueden soportar temperaturas de más de 70 grados. Así los PET pueden volverse más viscosos y sencillos de descomponer. Se espera que estas nuevas aplicaciones puedan acelerar el proceso en un 10%.
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